Los rankings para evaluar el sistema educativo a todos los
niveles se han puesto de moda. Mejor dicho los han puesto de moda grupos
financieros muy partidarios del modelo neoliberal. Y lo han hecho con la
inestimable colaboración de los medios de comunicación que, por cierto, son
propiedad de esos mismos grupos financieros y/o empresariales. La visión
reduccionista de los rankings cala muy
bien en la población porque reduce la compleja realidad educativa a una clasificación,
muy parecida a la de la liga de fútbol… y eso lo entiende cualquiera.
Desde CGT siempre hemos considerado que los rankings, todos
ellos, están pensados para discriminar y favorecer aún más a los que más
tienen. Son perversos desde su planteamiento ideológico y en la aplicación que
se hace de ellos y , en la mayoría de los casos, son nefastos en su proceso de
elaboración.
Tanto el planteamiento como las consecuencias que se derivan de
sus resultados se basan en una concepción competitiva y nada colaborativa de la
realidad educativa. Persiguen destacar a los centros de “excelencia”, según sus
criterios y señalar a aquellos que no cumplen los estándares de calidad que
ellos mismos han fijado. En términos generales, persiguen formar a individuos
que sean útiles para el mantenimiento del sistema neocapitalista, personas que
consuman mucho, piensen poco y, sobre todo, que no sean capaces de plantar cara
a las injusticias de manera coordinada y solidaria.
El proceso de elaboración de los rankings también deja mucho que
desear. En unas ocasiones porque utilizan los mismos criterios para evaluar
realidades muy distintas (evalúan con los mismos criterios a centros educativos
situados en zonas de clase media alta con una cultura familiar y unos recursos
económicos abundantes y a centros que atienden a niños o jóvenes de zonas
marginales con un bajo nivel de estudio en el núcleo familiar y sin
posibilidades económicas de ningún tipo). En otros, como en el caso del
recientemente publicado ranking de la Fundación CyD, justo por lo contrario,
por incluir en la misma clasificación a instituciones evaluadas con distintos
datos o, incluso, sin datos.
En todos los casos, la utilización final de estos estudios
persigue beneficiar, aún más, a los centros que mejores resultados obtienen,
frente a los que presentan lagunas, con lo que la brecha entre unos y otros se
acrecienta sin remedio.
EL RANKING CyD
Los autores de este
último ranking parece que comparten la crítica a las clasificaciones de
universidades. Según ellos mismos explican el trabajo “usa indicadores
institucionales, no para establecer cuál es la mejor universidad, sino para
ofrecer una visión de la diversidad de los perfiles universitarios” e insiste
en el tema un poco más adelante cuando asegura que “no elabora un ranking en
forma de tablas, determinando qué universidad está en el primer, segundo o
tercer lugar, ni por institución, ámbito, dimensión o indicador”.
A pesar de rechazar
estas clasificaciones y, a pesar de que en su presentación pública el
coordinador del estudio –el profesor doctor Martí Perallada- asegura que
"no hay una universidad mejor o peor. Todas los centros tienen puntos
fuertes y débiles”, lo que ha trascendido, lo que ha proporcionado titulares
sensacionalistas, ha sido que las mejores son 1ª la Pompeu Fabra, 2ª la Autónoma de Barcelona y 3ª la Universidad de Barcelona. Para los
subtítulos y los sumarios se ha dejado a los últimos de la clase: la
Universidad de Extremadura, la Universidad de Málaga y a poca distancia otro
grupo que tienen en común que están asentadas en el sur de España.
Unos resultados que
han sido difundidos con profusión porque se ajustan como un guante a los
prejuicios históricos que presuponen que los andaluces y extremeños somos
“cuasi analfabetos”, mientras que la inteligencia se desborda a raudales en el
norte y, sobre todo, en Cataluña. Además hay otro dato que aporta un valor
añadido a la supuesta seriedad de este ranking, la entidad que lo elabora –la
Fundación Conocimiento y Desarrollo- y la entidad que la sostiene, el Banco de
Santander. ¿Quién va a dudar de una entidad tan seria como el Banco de
Santander? Los medios, desde luego, no van a hacerlo y nuestra propia
universidad nos tememos que tampoco, ya que le tiene encomendada la gestión de
nuestras nóminas y le cede espacios en los campus para abrir oficinas y captar
clientes entre nuestros alumnos.
Sin embargo, a poco
que uno se preocupe en analizar la manera tan particular en la que se ha
elaborado el ranking, comienzan a surgir dudas sobre la metodología empleada y
la seriedad de sus responsables.
UN MÉTODO MUY CUESTIONABLE
Si tenéis alguna duda
sobre la fiabilidad de este ranking podéis entrar en las universidades por
autonomías y veréis que en el análisis de las Universidades catalanas (salvo en
la Universidad Oberta de Catalunya) se han estudiado muy diversos ámbitos,
mientras que en otras como Extremadura, Cádiz, Granada y Málaga sólo se ha
tenido en cuenta el ámbito institucional. ¿Cómo se puede elaborar un ranking
cuando no se han utilizado los mismos criterios para evaluar a todas las
universidades? Comprobad por vosotros mismos lo que decimos. Aquí está el
enlace http://rankingcyd.org/buscador, para encontrar esta
información picar en el botón, Busca tu Universidad y luego selecciona las
universidades por autonomías.
Más datos sobre la
escasa fidelidad del estudio. Si estudiamos en detalle los datos de la
Universidad de Málaga podemos comprobar que, en la mayoría de los ítems, no es
que se hayan recibido malas calificaciones, sino que simplemente, los autores
del estudio no disponen de datos, lo que nos lleva a hacernos dos preguntas:
¿Qué sistema utilizan los autores para la recolección de datos? ¿Qué mecanismos
de control utilizan para verificar los datos obtenidos?
La respuesta a la
primera pregunta, al parecer, es que es la propia Universidad la que tiene que
facilitar los datos. No sabemos, quizás lo deberían aclarar los responsables de
la UMA. Deberían aclarar si se recibió la petición y si hubo algún recordatorio
o si simplemente un correo de una entidad privada debe movilizar todos los
recursos para facilitar todos los datos que se solicitan para un estudio de
este tipo.
Si los autores del
trabajo hicieron tan poco esfuerzo para conseguir los datos de las universidades
que no los habían facilitado; nos podemos imaginar que los esfuerzos para
comprobar la veracidad de los datos facilitados por las universidades líderes
habrán sido equivalentes, con un valor próximo a 0.
Y ya que estamos
hablando de rankings, ¿no sería conveniente que una entidad independiente
elaborara uno específico sobre la seriedad o fiabilidad de los que se publican?
¿No hubiera sido más honesto que elaboraran este estudio dejando fuera a las
universidades que no han podido evaluar por falta de datos que condenarlas a la
cola de una clasificación que, en principio, no se iba a realizar?
La cuestión no es
menor, ya que aunque el objeto del estudio no fuera establecer una
clasificación de las universidades, lo que finalmente se ha publicado ha sido
precisamente eso y el daño infringido a universidades como la de Málaga no es
menor ya que como sostenía el señor Parellada en su presentación a los medios “el
objeto del estudio es que sirva de referencia para profesores, empresas,
administraciones públicas y el millón y medio de alumnos universitarios
españoles y los 360.000 de nuevo ingreso”.
Su pretensión es que sea
un referente para atraer fondos de empresas e instituciones y matrículas de
alumnos, o dicho de otra manera, asegurar la financiación para las
universidades más ricas y condenar a la indigencia a las más pobres.
Un dato aclaratorio,
el señor Martí Parellada es
catedrático del departamento de Economía Pública, Economía Política y Economía
Española de la Universidad de Barcelona, aunque esa condición no le impida
trabajar para una fundación privada, presidida por doña Ana Botín y en la que
es vicepresidente Frances Solé Parellada. No sabemos si el apellido Parellada
es muy común en Cataluña, pero cuidado que es coincidencia que el vicepresidente
de la Fundación y el coordinador general del estudio compartan apellido.
Curiosamente,
los medios que han dado esta información con gran despliegue, no han empleado
ni una línea para explicar quién está detrás de la fundación, ni sobre la
adscripción académica del coordinador del trabajo con una de las universidades
que lideran el ránking.
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