martes, 17 de mayo de 2016

A PROPÓSITO DE LOS RANKINGS (DOCUMENTO AMPLIADO)

Los rankings para evaluar el sistema educativo a todos los niveles se han puesto de moda. Mejor dicho los han puesto de moda grupos financieros muy partidarios del modelo neoliberal. Y lo han hecho con la inestimable colaboración de los medios de comunicación que, por cierto, son propiedad de esos mismos grupos financieros y/o empresariales. La visión reduccionista de los rankings  cala muy bien en la población porque reduce la compleja realidad educativa a una clasificación, muy parecida a la de la liga de fútbol… y eso lo entiende cualquiera.

Desde CGT siempre hemos considerado que los rankings, todos ellos, están pensados para discriminar y favorecer aún más a los que más tienen. Son perversos desde su planteamiento ideológico y en la aplicación que se hace de ellos y , en la mayoría de los casos, son nefastos en su proceso de elaboración.

Tanto el planteamiento como las consecuencias que se derivan de sus resultados se basan en una concepción competitiva y nada colaborativa de la realidad educativa. Persiguen destacar a los centros de “excelencia”, según sus criterios y señalar a aquellos que no cumplen los estándares de calidad que ellos mismos han fijado. En términos generales, persiguen formar a individuos que sean útiles para el mantenimiento del sistema neocapitalista, personas que consuman mucho, piensen poco y, sobre todo, que no sean capaces de plantar cara a las injusticias de manera coordinada y solidaria.

El proceso de elaboración de los rankings también deja mucho que desear. En unas ocasiones porque utilizan los mismos criterios para evaluar realidades muy distintas (evalúan con los mismos criterios a centros educativos situados en zonas de clase media alta con una cultura familiar y unos recursos económicos abundantes y a centros que atienden a niños o jóvenes de zonas marginales con un bajo nivel de estudio en el núcleo familiar y sin posibilidades económicas de ningún tipo). En otros, como en el caso del recientemente publicado ranking de la Fundación CyD, justo por lo contrario, por incluir en la misma clasificación a instituciones evaluadas con distintos datos o, incluso, sin datos.

En todos los casos, la utilización final de estos estudios persigue beneficiar, aún más, a los centros que mejores resultados obtienen, frente a los que presentan lagunas, con lo que la brecha entre unos y otros se acrecienta sin remedio.

EL RANKING CyD

Los autores de este último ranking parece que comparten la crítica a las clasificaciones de universidades. Según ellos mismos explican el trabajo “usa indicadores institucionales, no para establecer cuál es la mejor universidad, sino para ofrecer una visión de la diversidad de los perfiles universitarios” e insiste en el tema un poco más adelante cuando asegura que “no elabora un ranking en forma de tablas, determinando qué universidad está en el primer, segundo o tercer lugar, ni por institución, ámbito, dimensión o indicador”.

A pesar de rechazar estas clasificaciones y, a pesar de que en su presentación pública el coordinador del estudio –el profesor doctor Martí Perallada- asegura que "no hay una universidad mejor o peor. Todas los centros tienen puntos fuertes y débiles”, lo que ha trascendido, lo que ha proporcionado titulares sensacionalistas,  ha sido que  las mejores son 1ª la Pompeu  Fabra, 2ª la Autónoma de Barcelona  y 3ª la Universidad de Barcelona. Para los subtítulos y los sumarios se ha dejado a los últimos de la clase: la Universidad de Extremadura, la Universidad de Málaga y a poca distancia otro grupo que tienen en común que están asentadas en el sur de España.

Unos resultados que han sido difundidos con profusión porque se ajustan como un guante a los prejuicios históricos que presuponen que los andaluces y extremeños somos “cuasi analfabetos”, mientras que la inteligencia se desborda a raudales en el norte y, sobre todo, en Cataluña. Además hay otro dato que aporta un valor añadido a la supuesta seriedad de este ranking, la entidad que lo elabora –la Fundación Conocimiento y Desarrollo- y la entidad que la sostiene, el Banco de Santander. ¿Quién va a dudar de una entidad tan seria como el Banco de Santander? Los medios, desde luego, no van a hacerlo y nuestra propia universidad nos tememos que tampoco, ya que le tiene encomendada la gestión de nuestras nóminas y le cede espacios en los campus para abrir oficinas y captar clientes entre nuestros alumnos.

Sin embargo, a poco que uno se preocupe en analizar la manera tan particular en la que se ha elaborado el ranking, comienzan a surgir dudas sobre la metodología empleada y la seriedad de sus responsables.

UN MÉTODO MUY CUESTIONABLE

Si tenéis alguna duda sobre la fiabilidad de este ranking podéis entrar en las universidades por autonomías y veréis que en el análisis de las Universidades catalanas (salvo en la Universidad Oberta de Catalunya) se han estudiado muy diversos ámbitos, mientras que en otras como Extremadura, Cádiz, Granada y Málaga sólo se ha tenido en cuenta el ámbito institucional. ¿Cómo se puede elaborar un ranking cuando no se han utilizado los mismos criterios para evaluar a todas las universidades? Comprobad por vosotros mismos lo que decimos. Aquí está el enlace http://rankingcyd.org/buscador, para encontrar esta información picar en el botón, Busca tu Universidad y luego selecciona las universidades por autonomías.
Más datos sobre la escasa fidelidad del estudio. Si estudiamos en detalle los datos de la Universidad de Málaga podemos comprobar que, en la mayoría de los ítems, no es que se hayan recibido malas calificaciones, sino que simplemente, los autores del estudio no disponen de datos, lo que nos lleva a hacernos dos preguntas: ¿Qué sistema utilizan los autores para la recolección de datos? ¿Qué mecanismos de control utilizan para verificar los datos obtenidos?

La respuesta a la primera pregunta, al parecer, es que es la propia Universidad la que tiene que facilitar los datos. No sabemos, quizás lo deberían aclarar los responsables de la UMA. Deberían aclarar si se recibió la petición y si hubo algún recordatorio o si simplemente un correo de una entidad privada debe movilizar todos los recursos para facilitar todos los datos que se solicitan para un estudio de este tipo.

Si los autores del trabajo hicieron tan poco esfuerzo para conseguir los datos de las universidades que no los habían facilitado; nos podemos imaginar que los esfuerzos para comprobar la veracidad de los datos facilitados por las universidades líderes habrán sido equivalentes, con un valor próximo a 0.

Y ya que estamos hablando de rankings, ¿no sería conveniente que una entidad independiente elaborara uno específico sobre la seriedad o fiabilidad de los que se publican? ¿No hubiera sido más honesto que elaboraran este estudio dejando fuera a las universidades que no han podido evaluar por falta de datos que condenarlas a la cola de una clasificación que, en principio, no se iba a realizar?

La cuestión no es menor, ya que aunque el objeto del estudio no fuera establecer una clasificación de las universidades, lo que finalmente se ha publicado ha sido precisamente eso y el daño infringido a universidades como la de Málaga no es menor ya que como sostenía el señor Parellada en su presentación a los medios “el objeto del estudio es que sirva de referencia para profesores, empresas, administraciones públicas y el millón y medio de alumnos universitarios españoles y los 360.000 de nuevo ingreso”.

Su pretensión es que sea un referente para atraer fondos de empresas e instituciones y matrículas de alumnos, o dicho de otra manera, asegurar la financiación para las universidades más ricas y condenar a la indigencia a las más pobres.

Un dato aclaratorio, el señor Martí Parellada es catedrático del departamento de Economía Pública, Economía Política y Economía Española de la Universidad de Barcelona, aunque esa condición no le impida trabajar para una fundación privada, presidida por doña Ana Botín y en la que es vicepresidente Frances Solé Parellada. No sabemos si el apellido Parellada es muy común en Cataluña, pero cuidado que es coincidencia que el vicepresidente de la Fundación y el coordinador general del estudio compartan apellido.


Curiosamente, los medios que han dado esta información con gran despliegue, no han empleado ni una línea para explicar quién está detrás de la fundación, ni sobre la adscripción académica del coordinador del trabajo con una de las universidades que lideran el ránking.

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